El mes de octubre es mundialmente reconocido como una temporada en la que los disfraces se toman la realidad para convertirla en fantasía. La transformación se convierte en el recurso perfecto con el que aquellos, que quieren convertirse en su superhéroe favorito o cualquier personaje de ficción, recreen en la vida real lo que les gustaría o imaginan ser.

Pero, ¿qué hay detrás de los disfraces y cómo un disfraz puede hacer parte de la definición de nuestra personalidad? Halloween es el momento perfecto para dejar atrás los estereotipos y tabúes a un lado y volvernos nuestra prenda de vestir, es quizás un salvavidas que dura lo suficiente como para dar un respiro de los estigmas sociales.

Es así como el disfraz puede llegar a ser la representación de lo que pensamos, sentimos y creemos y que en otros momentos nos da miedo aceptar ante el ojo público. Por ejemplo, el maquillaje fuerte es el elemento que mayor seguridad le genera a las mujeres durante la noche de Halloween, según un estudio realizado por el Hanover College (EE.UU.) en 2015.

Otro estudio realizado por la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido), afirma que la ropa puede acrecentar o disminuir nuestros procesos mentales y nuestras percepciones, teniendo consecuencias cognitivas, sociales y emocionales según lo que vistamos.

No es necesario tener en cuenta las investigaciones para concluir que Halloween sigue siendo el escenario de quienes buscan explorar su ser y mostrarlo a la luz sin temor a ser juzgados, es el antifaz que cubre los miedos que la vida real nos impregna y nos hace ocultar una realidad reprimida.

Que este año, octubre no pase desapercibido y puedan tomarlo como el momento ideal para salir, disfrutar y vivir la ficción de un mundo real.

Escrito por: Manuela Betancur Giraldo