Bajo la lluvia y el frío de El Carmen de Viboral, los difuntos esperaban pacientes que los vivos se acomodaran en el escenario poco ortodoxo, el cementerio de la localidad.
El Teatro Rodante de Colima nos relató sin afán la historia de un desplazado y su encuentro con la muerte, ese encuentro que “A Todos nos Toca”, y qué mejor escenario que un cementerio donde vivos y muertos se unieron en respeto, humor y reflexión frente al flagelo de la muerte y la visión multicultural que tenemos de ella, particularmente la visión mexicana tan mística, cercana y alegre.
En un país donde la muerte es un mal chiste de cada día, la Catrina supo dibujarnos una sonrisa memorable.