La característica esencial del fetichismo consiste en el uso de objetos no animados (fetiches) como método preferido para producir excitación sexual. Entre los fetiches más comunes se encuentran la ropa interior femenina, las medias, los zapatos, las botas o cualquier otra prenda de vestir íntimamente relacionada con el cuerpo humano.

 

Según la sexóloga especialista en el tema, Dra. Luz María Carvajal, el diagnóstico no debe efectuarse cuando los fetiches se limitan a artículos de vestir femeninos utilizados para travestirse, como ocurre con el fetichismo travestista o cuando el objeto es estimulante desde el punto de vista genital, debido a que ha sido diseñado especialmente para este propósito, tal es el caso de los juguetes sexuales.

Siguiendo los criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM –IV), se diagnostica este trastorno cuando se cumple las siguientes características:

1. La persona ha tenido fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos ligados al uso de objetos no animados (por ejemplo, ropa interior femenina) durante un período de por lo menos 6 meses.

2. Las fantasías, los impulsos sexuales o los comportamientos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Pero ¿Cuál es el origen clínico?

El fetiche en particular suele estar ligado a alguna persona íntimamente relacionada con el paciente durante la infancia, y conserva las cualidades de amor, necesidad o incluso trauma que caracterizaban a esa persona.

Normalmente, el trastorno empieza en la adolescencia, aunque el fetiche puede haberse establecido ya durante la infancia. Una vez iniciado el trastorno tiende a la cronicidad.

La actividad sexual puede estar dirigida hacia el fetiche en sí mismo (por ejemplo, masturbándose manipulando un zapato), o el fetiche puede incorporarse en la actividad sexual normal (por ejemplo, la exigencia de que la pareja mantenga puestos unos zapatos de tacón alto). Por lo general, el fetiche es necesario e intensamente preferido para la excitación sexual y, en su ausencia pueden producirse trastornos de la respuesta sexual.

Existen dos tipos de fetiches: Duros (objetos de caucho y cuero) y Blandos (pieles, plumas, etc.)

Por lo general, los fetichistas correlacionan estos objetos y pueden llegar muy lejos (incluso al robo) para añadir a su colección la prenda u objeto concreto que les obsesiona.

El trastorno es casi exclusivo de los hombres. Según el psicoanálisis, el fetiche sirve como símbolo del falo ya que la persona siente de forma inconsciente un intenso miedo a la castración. Según la teoría del aprendizaje, el objeto fue asociado a la estimulación sexual en edades muy tempranas.

En la mayoría de los casos, los fetichistas generalmente no tienen costumbres peligrosas para los demás, persiguiendo el uso del objeto fetiche en privado, pero cuando los patrones y los comportamientos de excitación fetichistas se vuelven más intensos, altamente compulsivos u obligatorios, pueden provocar problemas en las relaciones o consumir por completo y destruir la vida de la persona. 

El tratamiento del trastorno fetichista puede consistir en psicoterapia, medicación o llegar a incluir ambas.

 

Clínica SOMER, consultorio 308