En uno de esos viernes, fin de jornada semanal,  en el que solo deseaba un café, mi propia compañía y estar en mi lugar favorito, no pude pasar por alto su presencia, ya la había visto en otras oportunidades, acompañada de quien al parecer era “el amor de su vida”, dada sus expresiones de amor tierno, apasionado y pegajoso, que estoy segura, entre muchos presentes despertaba envidias.   

Pero este viernes, era diferente extrañamente solo la acompañaba su teléfono celular, al que no dejaba de mirar e inundar con sus lágrimas. No era difícil adivinar, que algo no muy bueno le estaba sucediendo,  y más aún al escuchar su pedido de auxilio en una nota de voz, al parecer dirigido a uno de sus grupos más preciado de WhatsApp el de sus “amigas”.

No habían transcurrido 10 minutos, cuando tres de ellas llegaron al rescate,  la abrazaron para consolarla y se dispusieron a iniciar la “terapia catártica” con la frase “que te hizo el desgraciado”.  Ella les contó lo mal que estaba con la ruptura de su relación, la tristeza y la desesperación que sentía. Pero en buena hora, sus amigas le darían cada una a su manera “El gran consejo de vida”.   

La primera recomendación fue la siguiente: “Nos emborracharemos e iremos a bailar, tal vez hoy mismo, encuentres el sustituto ideal”. El segundo gran consejo no tardó en llegar: “No vale la pena, seca tus lágrimas y vamos a revisarle todas sus redes sociales, necesitamos saber a quién vamos a exterminar”. Solo faltaba un último consejo: “Es necesario que llores todo lo que quieras,  ya verás que poco a poco dolerá menos”.   

Luego de escuchar aquellos “sabios consejos” de amigas incondicionales, por mi mente pasaron dos ideas: la primera “Me dejarían ser parte de su grupo perverso de WhatsApp?” y la segunda ya como especialista, cuál de los tres, sería el consejo más acertado?, evidentemente debo decir que el último. Aunque muchos puedan preguntarse. Porque debe llorar por alguien, que le ha hecho sufrir?

Si tomamos en consideración, que el duelo amoroso por ruptura con la pareja, es un proceso de acomodo emocional, donde diversas emociones compiten entre sí, se hace necesario vivirlas y sentirlas para que logren pasar a través de nosotros, como niebla que atraviesa nuestro ser, que en principio puede nublar nuestra percepción de la vida, pero luego se dispersa y te deja ver con claridad.

En caso de que sólo una de las partes quiera dejar la relación, se presentaran una serie de etapas en el duelo de la persona “abandonada”, descritas por la Dra. Elizabeth Kubler-Ross, autora del libro “Death and Dying” (1969).

ETAPA 1: PÉRDIDA

La rabia, el miedo, la sorpresa o el temor cumplido, de aquello que hace tiempo teníamos sospechas y se ha hecho realidad: “Me dejó”. En esta etapa  se hace contacto con la realidad, puesto que si estuvimos en una relación destructiva con negación, para no afrontar la verdad, entenderemos que la relación estaba destinada al fracaso. Esta etapa no suele durar mucho porque la rabia y la incertidumbre darán paso a la tristeza.

ERROR COMÚN EN ESTA ETAPA: Suplicar a la pareja que no nos abandone. Si alguien decidió que ya no quiere estar con nosotros, los ruegos sólo conseguirán poner más difícil, lo que de igual modo terminará haciendo.

ETAPA 2: DESESPERANZA

Es la etapa más desagradable, puesto que nos sentimos deprimidos, la autoestima está baja y aún no hemos podido adaptarnos. Es aquí donde los pensamientos catastróficos nos invaden “nunca hallare a nadie como él/ella”, “no volveré amar”, “Nadie más me va a querer”…La conducta visible en este período es encerrarnos en nosotros mismos, no salir de casa y dejar de realizar actividades de recreación u ocio.

ERROR COMÚN EN ESTA FASE: Negar la situación; pensar que es pasajero cuando está claro para la otra persona, que es definitivo. Este es el auto engaño más frecuente. Se hace necesario cuanto antes, afrontar la realidad y aceptar la nueva situación.

ETAPA 3: ANSIEDAD

Al paso de los días, entramos en la etapa donde creamos una extraña fantasía: la persona que nos dejo era “PERFECTA”. Sólo recordamos lo bueno de la relación y TODO nos recuerda a él/ella. Es el tiempo en el que logramos hablar mucho de la ruptura, con amigos o familiares. En esta etapa corremos el riesgo de intentar que la ex pareja vuelva con nosotros, a toda costa.

ERROR COMÚN EN ESTA FASE: Conservar contacto con la ex pareja (mensajes, WhatsApp, llamadas en la madrugada o en fechas especiales…). Estas conductas suelen provocar que la persona se aleje aún más produciéndonos una sensación de frustración, cuando no conseguimos nuestro objetivo, que vuelva.

ETAPA 4: ACEPTACIÓN

Cuando caemos en cuenta que nada de lo que hacemos o pensamos nos hace sentir mejor, comenzamos a asimilar la realidad. La otra persona ha dejado de formar parte de nuestras vidas y ahora nos corresponde iniciar nuevas rutinas y actividades SIN él/ella. Es aquí cuando realmente establecemos el cambio y la aceptación. Puede que al principio se sienta raro volver a hacer cosas sin contar con la otra persona, pero será más fácil acostumbrarnos si lo afrontamos con optimismo.

RECOMENDACIONES EN ESTA ETAPA: Hay muchas cosas en la vida, que se pueden disfrutar sin una pareja. Por ejemplo ganamos independencia y el tiempo vuelve a ser nuestro por completo. Salgamos de casa, conozcamos nuevas personas, retomemos amistades que habíamos dejado un poco de lado por falta de tiempo, busquemos hobbies y hagamos aquellas actividades en las que no participábamos solos porque nuestra pareja no las compartía con nosotros.

ETAPA 5: SUPERACIÓN

Es la última y mejor etapa. En este momento nos sentimos preparados para recordar a la ex pareja con objetividad. Estamos en la capacidad de analizar, evaluar y verbalizar con alguien los errores cometidos para aprender de ellos. Debemos evitar el rencor y culpabilizar solo a la otra persona de la ruptura porque sería injusto. A no ser que haya habido un motivo claro como la infidelidad o el maltrato, el desgaste de una relación no lo produce sólo un miembro, la ruptura sentimental de la pareja es muchas veces culpa de los dos.

 

Para finalizar, luego de una ruptura es necesario transitar por el camino de las etapas. Asimismo,  para nada es recomendable intentar evitar las emociones dolorosas que aparecen en este proceso, ni forzarse a estar bien si la herida no ha sanado. Es importante darle espacio a las emociones y al dolor, con el fin de comenzar una nueva etapa lo más liberados posibles. Llegará el momento en el que nos pondremos manos a la obra, para retomar y buscar actividades, relaciones, hábitos… para rehacer nuestra vida.

 

Por: Teysi Amaro. Psicóloga, orientadora de la conducta, terapeuta familiar. Contacto: 312-583-60 93