Decir que la industria pornográfica se ha convertido en los últimos años en uno de los negocios más rentables, es completamente asertivo. La facilidad que tienen ahora los consumidores de este tipo de producto, está en simplemente tener conexión a internet.

Sin embargo, la pornografía sigue siendo un tema controversial. Algunos experimentos han confirmado el impacto que provoca en el cerebro, el exceso de contenidos sexuales. Pero ¿qué hace exactamente este contenido visual en nuestro cerebro?

Existe una diferencia entre practicar sexo y verlo, y es que el consumo de la pornografía produce una especie de “inundación” de dopamina. La descarga excesiva de esta hormona puede producir desórdenes cardiovasculares, renales, estomacales o endocrinos, entre otros. Pero, al producirse esta descarga, el organismo necesita volver a producirlas, por lo que promueven la repetición de esta conducta y esto puede producir un círculo vicioso que lleve al sujeto a adquirir una incapacidad de gobernar su propio cuerpo.

Algunas encuestas han arrojado resultados de qué piensan las personas cuando ven porno. Algunos señalaron la resistencia mental y física que tienen los protagonistas de estas películas, pues no se compara con los tiempos de la vida real.

Otros, con una visión diferente frente al tema, contaron que su pensamiento los transportó a querer ser ellos los protagonistas de una película de esta categoría para entender la emoción de sus protagonistas en medio de la trama.

Muchas son las perspectivas de quienes consumen frecuente o esporádicamente este tipo de contenidos digitales, pero lo realmente importante es cómo, este material explícito puede ocasionar comportamientos que alteren la estructura y funcionamiento regular del cerebro si este, como cualquier otra actividad, sobrepasa los excesos.

Escrito por: Manuela Betancur Giraldo