Yo procrastino… Tú procrastinas

El procrastina… Nosotros procrastinamos.

De regreso a casa, Marco Antonio se veía notablemente emocionado, su rostro reflejaba una gran sonrisa, cualquiera podía adivinar que algo bueno vibraba dentro de él. Por fin había recibido la llamada que hacía semanas esperaba, se sentía nervioso, pero a la vez entusiasmado, pensaba que debía relajarse y prepararse para el día siguiente, debía levantarse muy temprano, porque su cita estaba pautada a primera hora de la mañana, por ello, al terminar de cenar, manifestó a su familia en gesto solemne, que se iría a dormir más temprano de lo acostumbrado, por lo que agradecía la colaboración de todos, haciendo el menor ruido posible para no interrumpir su descanso necesario.

Su familia aunque sorprendida por la petición, aceptó la propuesta y brindó así su apoyo. Sin embargo, sentían curiosidad por saber, qué era eso tan importante para Marco, que cambiaría su rutina diaria de horas nocturnas dedicadas a su celular, portátil y televisión, por una noche de sueño temprano.  Antes de entrar a su habitación, escuchó un reclamo que venía de la cocina… “Marco una vez más no fregaste los platos, siempre dices que para después y nunca lo haces”. Esta vez se quedó callado, no prestó atención aquel reclamo, estaba decidido a dormir temprano  y eso haría. Se puso su pijama, apagó las luces y antes de cerrar sus ojos, decidió colocar la alarma en su celular, para garantizar levantarse a tiempo, para prepararse y llegar temprano a su cita.

Por un momento recordó, no haber revisado su Facebook durante el día, así que pensó en permitirse solo cinco minutos, para cerciorarse de no haber pasado por alto algún cumpleaños que luego podía lamentar, de igual modo, encontró unas imágenes que le pareciendo graciosas y decidió compartirlas, sumado a algunos videos motivacionales e inspiradores en los que sentía la necesidad de etiquetar a sus amigos. Luego de un largo rato, se dio cuenta que había usado más tiempo del que se había propuesto, transcurrieron dos horas desde que inició la revisión a su Facebook, salió con rapidez de su cuenta  y colocó su celular sobre su mesa de noche.

Estaba por quedarse dormido, cuando su celular se encendió, vibraba de forma insistente, se trataba de la sorpresiva llamada de un viejo amigo que vivía en el extranjero y del que no había tenido noticias desde hacía varios meses.  Marco pensó, “solo voy a saludarlo y mañana conversaremos con más calma, sé que entenderá y volveré a dormir”, La llamada se prolongó por más de una hora, había mucho que contar, lugares, comidas, costumbres, mujeres, en fin, terminaron reviviendo gratos recuerdos de buena hermandad.

Minutos antes de colgar, su amigo le mencionó que había encontrado el amor de su vida y si quería conocerla, podía ver las fotos en su Instagram, Marcos prometió revisarlas al día siguiente y realizar los respectivos comentarios. Una vez más, intentaba dormir, pero tenía curiosidad de saber quién sería la novia de su mejor amigo, sintió nostalgia porque el aún no encontraba su verdadero amor. Por ello, pensó que echaría solo un vistazo de cinco minutos a su Instagram, para solo mirar el rostro de la joven y saciar su curiosidad. Reviso las fotos de su amigo y le agradó verlo tan feliz como se lo había comentado en su conversación telefónica. Pero, no pudo desviar su atención de otras cuentas con fotos posteadas sobre supuestos fantasmas, paisajes exóticos, carros últimos modelos, videos divertidos de perros y gatos y por último algunas imágenes de mujeres bien dotadas y en poca ropa, sintió deseo y decidió escribirles al privado, pero solo a 50 de ellas.

Cuando logró salir del trance de aquellas decenas de fotografías de cuerpos y vidas “perfectas”, quedó helado al darse cuenta que habían transcurrido más de dos horas desde que él “solo entraría a ver”, dos o tres fotografías de la novia de su amigo. Eran pasadas las 3 de la mañana y debía levantarse a las 5 am. Marcos se sentía frustrado y molesto consigo mismo. Intento dormir esas dos horas restantes que transcurrieron en un pestañeo.

Probablemente te has identificado en mayor o menor medida con la conducta de Marco Antonio, tal vez recuerdas algunas ocasiones en las que has pospuesto tus tareas, deberes, acciones y conversaciones para el día siguiente o la semana próxima. La postergación, es un comportamiento muchas veces habitual, y da igual el tipo de tarea que haya que enfrentar. Pero en algunas personas, puede llegar a convertirse en una gran complicación. No sólo por ser etiquetadas o juzgadas como perezosas o descuidadas, sino que existe plena conciencia que es absurdo actuar de esta forma, pero no consiguen la forma de dejar de aplazar rutinas y tareas, ocasionándoles sentimientos de inutilidad, ansiedad y falta de autoconfianza. En torno a esta situación, se han realizado numerosos estudios psicológicos que plantean la problemática como casos de Procrastinación.

La procrastinación se describe como la dificultad para comenzar actividades y comprometerse con las mismas, a pesar de que sean importantes para la persona, o iniciarlas y posponerlas por otras actividades que resultan más gratificantes pero menos relevantes. Para el psicólogo Timothy Pychyl, autor de varios libros sobre el tema, «Procrastinar es una estrategia de respuesta, focalizada en la emoción. Cuando nos enfrentamos a una tarea que no queremos hacer, algo que generalmente etiquetamos de aburrido, frustrante, difícil, y nos genera temor o incertidumbre, podemos llegar a evitarla. Así, en vez de sentir estas emociones negativas relacionadas a la tarea (aburrimiento, frustración, miedo, etc.), escapamos de ellas con alguna actividad que nos resultan más placentera».

Para algunos expertos, existen cuatro principales problemas que originan la procrastinación.

  • Miedo al fracaso: “Si lo hago mal, para que hacerlo”, o “para no hacerlo bien, prefiero no hacerlo”. Estos pensamientos frecuentemente se repiten en la mente del procrastinador. En ocasiones puede ser producto de una baja autoestima o intolerancia a la frustración.
  • Frustración: Estas situaciones suelen darse cuando las tareas a las que debe enfrentarse una persona, no le resultan atractivas, útiles o necesarias, independientemente de que esté o no esté obligada a realizarlas. Por ejemplo: Un estudiante de ingeniería que no le agrade las matemáticas y va acumulando todas las materias relacionadas con este tema, porque cree que no le irá bien, además de no sentirse motivado. Es probable que como resultado transcurran muchos años para terminar la carrera o incluso no la termine.
  • Indecisión: En este caso podemos comparar al procrastinador con el “complejo de Penélope”, tomado de la mitología Griega, donde la mujer de Ulises, tejía una tela y la deshacía una y otra vez para no decidirse por ninguno de sus pretendientes. Se da en personas muy perfeccionistas que se enredan en la indecisión, por no cumplir sus metas o expectativas. En estos casos, el procrastinador se llena de dudas sobre cómo afrontar una tarea, por lo que la pospone constantemente.
  • Mala administración del tiempo: En este caso, el procrastinador aunque no se niega a realizar la tarea, la deja para el último momento, cuando ya no le queda más alternativa y debe entregar o mostrar el resultado.
  • Depresión: Las personas que padecen depresión tienden a rehuir por norma a cualquier tipo de tarea u obligación. En estos casos, la procrastinación es una consecuencia directa y secundaria de la depresión, y no representa el mayor de los problemas, pero desaparecerá si se trata adecuadamente la enfermedad.

Sumadas a estas cuatro causas señaladas, existen otras más, e incluso la procrastinación puede tener origen individual y específico. Por ello, la persona puede evaluar la posibilidad o no de buscar ayuda profesional. De igual modo, a continuación, te menciono algunas técnicas que pueden ser de utilidad para corregir el comportamiento procrastinador, minimizando sus efectos negativos.

  • Marca tareas que puedas asumir.
  • Comparte con los demás los plazos que te hayas fijado.
  • Pide que te ayuden a alcanzar sus objetivos.
  • Evita las distracciones, sobre todo las tecnológicas.
  • Registra las tareas que vas cumpliendo.
  • Premiate a medida que cumpla tus metas intermedias.
  • Por último, sobre todo, oblígate a empezar. Todo inicia con la acción.

Las personas que procrastinan tienden a mantenerse como en una glorieta, dando vueltas y vueltas. Lograr salir de ese círculo vicioso provocado por la inacción, requerirá de decisión, esfuerzo, confianza, constancia y sobre todo vencer la corriente en contra que impide realizar la tarea oportunamente.

“Un día te despertarás y ya no tendrás más tiempo para hacer las cosas que siempre quisiste hacer”.

– Paulo Coelho.

 

Por: Teysi Amaro. Psicóloga, orientadora de la conducta, terapeuta familiar. Contacto: 312-583-60 93

 

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