Querido hijo, antes de que Dios reclame mi presencia o por ley de la vida, te vayas de mi lado desplegando tus alas de libertad, quiero estar segura que hayas aprendido tantas cosas que en ti quise sembrar… A entender que el amor propio y desinteresado es un sentimiento en el que puedes confiar, pues te da el poder de enfrentar tus miedos mostrándote la realidad, a no sentir vergüenza u orgullo de pedir ayuda si la necesitas, a entender que la vida debes vivirla como el regalo más hermoso que Dios nos pudo dar, a expresar o guardar silencio, según sea tu interés o conveniencia.

 Antes de que mi tiempo se acabe, querido hijo…. desearía saber, que te enseñé a darte permiso de disfrutar tu éxito, además de compartirlo, a no darle importancia si los demás te aprueban o no, a decir NO cuando otros pretendan acomodarte sus responsabilidades, a descifrar lo que sientes emocionalmente, a no esperar la aclamación de otros sino tu dicha, a servir a otros porque lo deseas  y no porque pienses que estás obligado hacerlo, a reclamar una remuneración justa por tu trabajo y a no ser esclavo del mismo.

Antes de que te vayas, querido hijo… deseo estar convencida que reconoces y aceptas tus defectos sin culpar a otros, que no tratas de imponer tus razones ni permites que otros te las impongan, que no temes decir ‘NO’ sin sentirte culpable y ‘SÍ’ solo cuando te sientes a gusto, que tienes la capacidad de vivir al máximo el presente, sin anclarte a tu pasado ni angustiarte por el futuro, que te permites cambiar reevaluando tus creencias, que te permites primero, llenar tu vaso y más tarde el de los demás.

Antes de que mi tiempo se acabe, querido hijo…. desearía estar segura que hayas aprendido a planificar tu futuro pero a no estresarte por él, a apreciar  tu intuición, a dar a los demás un trato respetuoso, pero también a exigir ser tratado con respeto, a entablar relaciones sanas y solidarias, donde la comunicación, la aceptación, la comprensión y el perdón sean esenciales.

Antes de que te vayas, querido hijo… desearía tener la certeza de que te enseñe a aceptarte tal y como eres, que no estás solo pendiente de acumular seguidores en tus redes sociales, que aprendiste a crecer con las lecciones de tus fracasos, que te permites conversar contigo en voz alta, sin temor a ser etiquetado o juzgado como loco.

Antes de que mi tiempo se acabe, querido hijo… deseo estar convencida de haberte enseñado a no seguir ciegamente a alguien, ni siquiera a mí, que soy tu madre.  

Inspirado en Cartas a Claudia de Jorge Bucay.

 

 

Por: Teysi Amaro. Psicóloga, orientadora de la conducta, terapeuta familiar. Contacto: 312-583-60 93

 

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