Ella juro no volver a caer en sus brazos, lo evitaba, huía, no respondía sus mensajes, no podía estar con alguien que era gobernado por la inmadurez y falta de compromiso… pero era innegable que en realidad su deseo de estar con él, cada vez era mayor, sus fantasías con aquel loco inmaduro, no dejaban de atormentarla… En su mente aún estaba fresco el recuerdo de su último encuentro, fue algo casual, regresaba de su trabajo y en medio de la noche fría y oscura, él estaba allí, justo en la puerta de su casa. No podía creerlo, hacía más de tres meses que no lo veía, ¿cómo supo donde vivía?, recién se había cambiado de residencia, justamente huyendo de él. Ella sintió su pecho arder y su corazón acelerarse, los nervios y la agitación no la dejaban estar quieta, su respiración acelerada y sus manos sudorosas no le permitían articular palabras. Sabía que él no era precisamente el Dios Adonis de la Mitología Griega, pero su mayor atractivo estaba en el arte de su seducción, en la forma de  provocarla, tocarla, besarla, palparla, acariciarla y hablarle al oído. Con todo ese arsenal de incitación, para ella era casi imposible no rendirse en sus brazos…

La seducción nos permite conseguir casi cualquier cosa en la vida: conquistar a la persona amada, obtener el aprecio de quienes nos rodean, abrirnos paso en los negocios, vender algún producto, conquistar poder político, persuadir a la gente para que haga lo que nosotros deseamos e imponer las propias ideas a los demás respetándolos y sin presionarlos.  Asimismo es definida como un juego psicológico orientado a fascinar y en el que apenas interviene la belleza física, se trata de generar interés y convertirlo en deseo, logrando así captar la atención de alguien hacia nosotros de forma positiva y con curiosidad, instalándonos en su imaginación de forma permanente, haciendo que su deseo por conocernos crezca a cada instante, alimentándolo y creando la expectativa de lo posible.

Ser un buen seductor, no implica necesariamente poseer buen físico. De hecho, algunas personas por tener un buen físico, descuidan otros aspectos de su personalidad que finalmente se convierten en carencias. Por tal motivo, la idea es potenciar virtudes y disimular defectos, aunque se esté consciente de ellos y sean aceptados. Hay que recordar que solo existe una oportunidad para una primera impresión, así que es importante cuidar la higiene personal, tener un aspecto despierto y saludable. De ser necesario, hay que hacer pequeños cambios de imagen, pero conservando la esencia y la naturalidad.

Las mujeres se enamoran de lo que les dicen y para seducir con éxito muestran actitud segura, no ceden a la primera, sonríen, visten de forma impresionante y usan miradas seductoras. En cambio los hombres son fácilmente seducidos a través del sentido de la vista y atraen a las mujeres vistiendo bien, siendo caballerosos, con buen humor, risa e inteligencia.

Para la psicóloga Alejandra Vallejo-Nájera, algunas personas saben perfectamente cómo atraer el apoyo automático de la gente. Para ello Vallejo estudio diversos tipos de temperamentos en las personas seductoras, indagando sobre sus métodos y hasta dónde puede llegar el miedo al rechazo.  

Algunos de ellos son las siguientes:

Afrodita: Despliega sensualidad, para atraer hombres serios, protectores. Anhela seguridad y sentirse mimada. Su emocionalidad oscila entre la risa y el llanto. El seducido se sentirá afianzado en su imagen de hombre sexualmente poderoso. Para seducirla deberá ofrecerle lealtad, seguridad y optimismo.

El vividor: Busca aventuras y ofrece pasión desbordante a mujeres algo inseguras y maternales, su método infalible es halagar con ardor. Es narcisista, pero con baja autoestima; por ello necesita admiración. Para conquistarle hay que admirarle y ayudarle a encauzar sus emociones.

El rescatador: El ángel que resuelve todos los problemas, brindando apoyo y generosidad. Buscan personas caóticas, despistadas y con baja autoestima. Le motiva el sentirse indispensable. Para seducirles hay que admirar su ayuda y ayudarle a dedicarse tiempo a sí mismo.

El artista: Es romántico y creativo, busca individuos sensibles a la belleza, a las que impacta con su genialidad. Desea sentirse especial y por ello hay que respetar su idealismo, valorando su autenticidad.

El cautivador: Alegre y buen conversador, es el rey de la empatía que busca personas rígidas y autoexigentes que precisan positivismo. Disfruta de la vida y para conquistarle hay que evitar mostrarse infeliz y no criticar a nadie.

El intelectual: Brinda sabiduría para quien desee estímulos intelectuales. Son selectivos y creen  que no necesitan al otro. Para conquistarlos hay que respetar su espacio y soledad y no abrumarle con exigencias emocionales.

El encantador: Se muestra como el oasis de la tranquilidad y cordialidad, del apoyo y la falta de pretensión, sobre todo con personas con problemas de estrés. Es encantador,  no discute y alimenta la autoestima del contrario. Le motiva sentirse cómodo.

El líder. Posee carisma,  brinda protección y decisión a personas que necesitan sentirse integradas en un grupo. Muestra gran seguridad y energía, motivado por el control y el dominio de su espacio y las personas que le rodean. El seducido le corresponde dejar la responsabilidad en sus manos y deberá evitara el engaño, algo que no soporta un líder.

El divo: Posee estilo, clase y ‘glamour’ sin esfuerzo aparente, con estas armas atrapa a personas abrumadas por la rutina. El divo se muestra sutil, insinuante y distante y busca la perfección. Para atraerle hay que animarle a no tratarse con tanta dureza, hacerle disfrutar con pequeños placeres de la vida imperfecta.

Seducir es todo un arte, en ocasiones es innato, otras veces se necesita de entrenamiento. Para empezar es importante creer en uno mismo, tener confianza en nuestras habilidades y desarrollar la capacidad de aprender a ser un buen seductor. Debemos comenzar levantando la autoestima y creer que somos capaces de hacerlo.

 

Por: Teysi Amaro. Psicóloga, orientadora de la conducta, terapeuta familiar. Contacto: 312-583-60 93