Los días de Sebastián se habían convertido en una carga difícil de llevar, su mente nunca callaba y lo mantenía atrapado en un callejón sin salida, sentía que era la decepción de su familia y la segunda opción para sus amigos, además de estar desconcertado ante la repentina decisión de su novia, de pedirle un “tiempo” en la relación. Sebastián dedicaba tiempo extra de su vida a largas noches de insomnio donde sus pensamientos obsesivos de inseguridad, le generaban ansiedad y sentimientos de culpa. En ocasiones, sentía que liberaba su angustia cortando sus muñecas.

Al día siguiente, su batalla continuaba al plantarse frente al espejo y preguntarse si existiría alguien que pudiera escucharle y entender el universo oscuro que nublaba su mente. Esa sensación de vacío que no le permitía sentir placer, ni interés por casi nada de lo que hacía. Sus padres estaban preocupados, pero el sentía que no lo comprendían y le exigían demasiado.

No pasó mucho tiempo para que Sebastián tomara la decisión de acabar con su sufrimiento, con la firme creencia que al hacerlo, liberaría a su familia y amigos de su molesta presencia, además pensaba que no lo extrañarían.

Ese día se levantó más temprano que el resto de la familia, escribió una nota dirigida a sus padres que dejó bajo su almohada. Salió sin desayunar, se dirigió a la estación del tren, pero esta vez no viajaría como pasajero. Tenía miedo, pero estaba decidido a saltar, con la llegada del primer tren de la mañana.

Sebastián escogió el domingo, por ser el día de la semana menos concurrido por los pasajeros, sin embargo, allí estaba ella, a escasos metros de él, a simple vista se notaba la mezcla de belleza y tristeza, Sebastián no pudo evitar mirarla, ella solo lo miro por unos segundos y a él le bastó para conectarse con su sufrimiento. Ambos notaron que se acercaba lo que esperaban, el primer tren de la mañana y el último de sus vidas. Sebastián dio un paso atrás al sentir una fuerza interna que le gritaba ¡VIVE POR FAVOR VIVE… Y AYUDALA A QUE VIVA!… Ella dio un paso adelante, pero Sebastián se abalanzo sobre ella, el tren siguió su rumbo, y detrás de él, dos historias de vida se reiniciaban.

La historia anterior, pone de manifiesto lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS), cataloga como un problema de salud pública muy importante y en gran medida prevenible, que ocasiona casi la mitad de todas las muertes violentas y se traduce en casi un millón de víctimas al año a nivel mundial.

El suicidio ha sido una realidad silenciada, estigmatizada, rodeada de mitos y tabúes en la salud mental. Es el león en la habitación que muchos no ven y del que casi nadie quiere hablar, por temor a un posible efecto dominó, el cual ha sido muy difícil de demostrar ya que los estudios han resultado contradictorios.

El suicidio no puede tildarse de correcto o incorrecto, en algunos casos se cataloga como una enfermedad, incluida en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSMV), y tratada de forma multidisciplinaria. Sin embargo, no siempre corresponde a una enfermedad. Tampoco se trata de personas que solo intentan llamar la atención, como erróneamente se piensa. A veces son personas que quieren acabar con el sentimiento de soledad, sufrimiento o inadaptación a los cambios. El principal foco de riesgo está en los adolescentes y, por concepción cultural, en los varones, cuya tasa de suicidio triplica la de las mujeres.

Es de suma importancia la prevención del suicidio a través de campañas permanentes bien articuladas, que logren llegar a la mayor cantidad de población, reduciendo la ignorancia sobre el tema y logrando una sensibilización de la sociedad, además de ser una alternativa para que las personas que piensan en suicidio, puedan pedir ayuda.

Causas y factores de riesgo suicida.

La causa del suicidio es multifactorial, sin un único motivo, pero es la única salida que ve la persona que está ante un intenso sufrimiento o ante una tensión y angustia que no puede seguir soportando. La Dra. Carmen Tejera, del hospital Sant Pau de Barcelona España,
dirige un programa de prevención del suicidio y señala que existen un acuerdo entre todos los especialistas a nivel mundial, sobre cinco factores de riesgo suicida que a continuación se enumeran:

1) Trastorno psiquiátrico, entre ellos depresión, psicosis, consumo de sustancias tóxicas, entre otros.

2) Haber experimentado una tentativa previa de acto suicida.

3) Dolor físico crónico por alguna enfermedad o traumatismo.

4) Acontecimientos vitales que supongan una crisis como ruptura de la relación amorosa, problemas en el entorno familiar, abuso sexual, problemas en la identidad de género, problemas laborales o económicos.

5) Aislamiento social, desarraigo o dificultades en los vínculos con sus semejantes.

Señales de alarma. 

Los signos de advertencia en el suicidio no siempre son obvios y pueden variar de persona a persona. Algunos dejan en claro sus intenciones mientras que otros, guardan en secreto sus pensamientos y sentimientos suicidas. A continuación describimos algunas señales:

  • Cambios en la personalidad, tales como tristeza, retraimiento, irritabilidad, ansiedad, indecisión y apatía.
  • Cambios en el comportamiento; falta de concentración en el colegio, en el trabajo, o en las tareas rutinarias.
  • Cambios en los patrones de sueño; sueño exagerado o insomnio.
  • Cambios en los patrones de alimentación; pérdida del apetito y de peso, o aumento exagerado del apetito.
  • Pérdida de interés en los amigos, en la actividad sexual y en las actividades en las que participaba antes.
  • Preocupaciones sobre dinero y enfermedades (reales o imaginarias).
  • Temor de perder el control, de volverse loco, de dañarse a sí mismo o dañar a otros.
  • Sentimientos abrumadores de culpabilidad, vergüenza y odio a sí mismo.
  • Pérdida de esperanza en el futuro; se suelen tener pensamientos como: «las cosas nunca mejorarán», «siempre me sentiré igual».
  • Consumo de alcohol o drogas.
  • Pérdidas recientes; por muerte, divorcio, separación, término de una relación, trabajo, dinero, condición social, confianza en sí mismo, autoestima.
  • Pérdida de la fe.
  • Impulsos, planes suicidas; desaparición de pertenencias favoritas; previos intentos o señales de suicidio.
  • Inquietud, hiperactividad y agitación pueden ser indicaciones de una depresión 

Prevención y control.

Es posible prevenir los suicidios con algunas medidas que se pueden adoptar entre la comunidad y las personas. Estas incluyen:

  • Restricción del acceso a los medios de suicidio (por ejemplo, plaguicidas, armas de
    fuego y ciertos medicamentos).
  • Información responsable por parte de los medios de comunicación.
  • Identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo.
  • Seguimiento de la atención dispensada a personas que intentaron suicidarse y prestación de apoyo comunitario.
  • En cuanto a los adolescentes, no permitir que se encierren en sus habitaciones sin saber qué les preocupa y cómo avanza su día a día, si son felices, si se sienten reconocidos, seguros.

El suicidio es un problema complejo, por consiguiente las acciones de prevención necesitan de la coordinación y colaboración de diversos sectores de la sociedad, incluidos los de salud, educación, trabajo, agricultura, comercio, justicia, derecho, defensa, política y medios de comunicación. Esas actividades deben ser amplias e integradas, dado que ningún enfoque individual por separado puede tener efecto en una cuestión tan compleja como el suicidio.

 

Por: Teysi Amaro. Psicóloga, orientadora de la conducta, terapeuta familiar. Contacto: 312-583-60 93